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martes, agosto 26, 2008

“El Cartero y el Ladrón II”

"Cartas que deben ser leidas diariamente"
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¡Mañana sin falta!... al terminar esta frase, Raúl abrió la reja de la casa y sin duda vio que el buzón estaba repleto de cartas y que Don Benito hoy había dejado un par de cartas más tiradas cerca de la puerta. Las miró con intención de tomarlas y lo primero que dijo: “las leeré mañana sin falta”, y dando unos pasos más entró a la casa. Se dirigió a su cuarto y durmió después de un extenuante día.

Al día siguiente, entre la incesante lluvia y uno que otro trueno, Raúl se despertó más temprano que lo normal. El primer pensamiento que tuvo sin duda fue: “mañana sin falta”. Se levantó abrigando su pijama con una parka acompañado de un paraguas y fue en busca de las cartas que ayer en la noche había prometido leer. Se dirigió al buzón, sin embargo este ya no estaba. Miró con un tanto de tristeza el pilar del buzón, como pretendiendo responder mil preguntas. Volteó para ver si aun quedaban las cartas que estaban en la puerta el día de ayer y ni siquiera éstas se encontraban. Se quedó en silencio, en frente de la reja, cabizbajo y mirando como una que otra gota chocaba con aquel pastelón. ¿Qué dirían aquellas cartas? ¿Por qué donde Benito le prestó más atención a éstas que al pago de las mismas? Se preguntaba Raúl caminando lentamente en dirección para entrar de vuelta a su casa. En ese instante escuchó un grito, y era nada menos que Don Agustín.
- Estimado Joven Raúl – grito con cierto cariño abriendo tempranamente el negocio - ¿le puedo ayudar en algo?
- Si… – respondió dando vuelta la mirada y dirigiéndose nuevamente hacia la reja – sabe don Agustín, como ve… es temprano y me acordé de lo que le prometí el día de ayer. Mire… (apuntando con la mano el lugar del buzón) no hay cartas, se robaron el buzón.
- Que lamentable… - respondió el viejo – sin duda no está el buzón, pero tranquilo.
- Si tan sólo le hubiera hecho caso a usted ayer – prosiguió Raúl – en vez de haberme ido a dormir, haber revisado el buzón y haber guardado las cartas dentro de la casa. ¿Pero quién iba a pensar que hoy en día se iban a robar un buzón? Y un buzón con una que otra cuenta y un par de cartas que ahora pensándolo bien, quizás tenían alguna importancia…
- Pero tranquilo – interrumpió el viejo – Don benito está a punto de pasar, siempre a esta hora tiene una que otra carta que entregar y no creo que este día sea la excepción, siempre tiene algo nuevo que contar y siempre llueva o truene pasa puntualmente.

Y terminadas estas palabras, doblando en la esquina apareció Don benito, el tipico viejo bonachón que todos conocemos. Al parecer ese día se asomó mas alegre por aquella avenida y su divertido bigote así lo reflejaba. Venía cantando como siempre, la misma canción, esa que el mismo compuso hace mucho tiempo atrás. Su bolso como siempre venía abultado pero aquel día era un tanto mayor. Al divisar a lo lejos al viejo le gritó, Agustín!, Agustín! Y al cabo de unos segundos llegó al lugar donde se encontraban conversando Agustin y el joven.

- buenos días Joven Raúl – dijo un animado don benito - Qué bonito el día de hoy ¿No le parece?. Ha dejado de llover, lo que unos minutos atrás era impensado y hasta incluso me atrevería a decir que va a salir el sol
- Si está muy bonito el día , pero algo malo ha sucedido. ¿Se recuerda que ayer tenía un buzón repleto de cartas? Bueno hoy me desperté a buscarlas y no estaban ni las cartas y ni siquiera el buzón… alguien se las robó.
- Vaya, vaya ya veo – sonrió Don benito – pero tranquilo, tengo algo en mi bolsón. Aquí tengo la carta del día de hoy y algo más que tengo guardado en esta bolsa…
- Gracias, al menos tengo una carta – dijo Raúl – oh! ¡Y el buzón! (al ver lo que había dentro de aquella bolsa) Gracias don benito, no sabe cuanto se lo agradezco.
- Ahora ya tienes todas tus cartas – prosiguió don benito – pero yo tendría mas cuidado con la lectura de las cartas. Este ladrón se ha empecinado con robar alguna cosa en este barrio, ahora son las cartas. Pero siempre cae en el mismo error, por mas que quiera pasar inadvertido, siempre estoy dando vueltas por aquí y por allá repartiendo cartas y hoy en la madrugada lo ví cuando se llevaba tu buzón.
- Gracias! – interrumpió Raúl – le prometo que apenas entre a la casa las leeré.
- Me parece bien – dijo un atosigado Don benito al ser abrazado por Raúl – una última cosa para que no seas sorprendido por el ladrón. Lee las cartas diariamente, porque todas tienen un significado especial para cada día. Si las lees todas juntas igual te servirán, pero te sugiero que estés pendiente de no saltarte ninguna carta porque cada una de ellas están hechas para ser saboreadas y aprendidas en el día a día.
- Tiene toda la razón – contestó un emocionado Raúl – trataré de hacer caso a su sugerencia. Hasta luego don Benito y gracias por todo, hasta luego don Agustín.

Continuará...

crédito fotografía: http://api.ning.com/files/GWedJ5QltwAVZObiQaFvkz5Dz*6wK29bqAJX7mlASqEO93Q-lD2DB-nm22ZOx5JnmIgEQhvktJjjFjMvGnoqDQ26hK5fC4mC/Dec1Dec5Letters.jpg

miércoles, junio 25, 2008

El Cartero y el Ladrón I

"Aun quedan muchas cartas por leer..."
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Día de semana, afuera el sol brilla tenuemente como buen otoño. El kiosco que se encuentra ubicado en medio de una central calle de aquella costera ciudad, comienza a vender sus primeros periódicos para aquellos madrugadores lectores y uno que otro alimento comprado por un atolondrado estudiante. Y así comienza el día, al compás de don Agustín que aun no ve asomar ni menos levantar a su estimado amigo Raúl, que de cariño lo llama “joven Raúl”. Aquel viejo ha visto pasar una decena de estudiantes por aquella casa ubicada justo al frente de su negocio, pero algo le ha llamado la atención, un cariño especial sin duda. Sin saber Raúl, el viejo conoce todos sus movimientos e innumerables veces ha cerrado tarde su negocio solo porque al joven se le ha olvidado comprar algo para comer.

En una hora un tanto atrasada se levanta Raúl. Prueba de ello es que deja entreabierta la ventana... sale rápidamente acomodando su ropa mientras camina, ni siquiera alcanzó a secar su pelo ni menos tuvo tiempo de revisar todas las cartas que están en el buzón. A media cuadra se encuentra con Benito, el cartero de más edad de la ciudad, el mismo que diariamente le lleva alguna correspondencia. Don Benito lo saluda como intentando entablar una pequeña conversación para así después preguntarle sobre el pago de tanta correspondencia acumulada. Sin embargo Raúl saluda apuradamente, tanto así que al momento de saludar hace parar un microbús que lo lleva a su Universidad.

Mientras su casa sigue vacía y de manera antagónica su buzón de correo sigue igual de lleno que en la mañana, es llenado aun más por Don Benito, el cual no tuvo más remedio que tirar unas cuantas cartas en la puerta (más bien encima del pasto mojado). Pasan las horas, y cuando el sol de la mañana ya tiene puesto el traje de despedida, llega Raúl con un tanto más de frío, tanto así que saluda al viejo Agustín y compra un café. Pasan unos minutos y entre tanto silencio el viejo encuentra el momento justo para entablar una conversación.
- ¿Qué tal tu día “Joven Raúl"? – preguntó el viejo.
- Bueno… - contestó Raúl tomando el café más rápido para acabar la conversación.
- Hoy Benito preguntó por usted – prosiguió Agustín – me hizo ver que usted tiene una deuda pendiente con él desde el mes pasado, pero más que eso me dio el siguiente recado: “Dígale a Raúl que tiene mucha correspondencia, cartas, cobros, pero más que esto cartas… no me importa tanto el pago del dinero, sino más bien la pronta lectura de su correspondencia”.
- Ok, deberas… - contestó un sorprendido Raúl – no me había percatado de que tenía tanta correspondencia. Dígale a Don Benito que disculpe por no conversar con el en la mañana, pero tan solo fue porque iba tarde. También dígale gracias por su recado y por su paciencia conmigo. Es que sabe que don Agustín, a mi se me olvidan las cosas y ando siempre un tanto apurado… muchas gracias por el café… ¿le puedo pagar mañana?, es que hoy día extravié mi billetera y recién mañana mi padre me envía dinero del sur…
- No hay problema “Joven Raúl” – dijo con voz de un viejo amigo – cuando tenga el dinero y se acuerde de pagarme, hágalo (esto último lo dijo sonriendo).
- Gracias, muchas gracias – prosiguió la conversación cruzando la calle y elevando el tono de voz – y dígale a don Benito que mañana recogeré toda la correspondencia, ¡sin falta!

CONTINUARÁ...

creditos fotografía: http://www.flickr.com/photos/sunitabudhrani/2134486574/sizes/m

jueves, mayo 01, 2008

"Tema Libre"

"No puede haber un invierno tan largo, no puede llover por siempre, ni tampoco que perdure por siempre la sequía"
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Si quieres recomenzar tu vida, este es el día, tómate el día libre. Haz algo nuevo, sal a caminar, transita por la vereda distinta a la cual siempre sueles pasar. Si siempre caminas, sal a correr; si siempre corres, anda mas rápido o ve más allá, anda en auto o toma un bus y si siempre has hecho esto último, ¿Por qué no volar?

Si quieres recomenzar tu vida, comienza con algo pequeño. Si nunca has leído un libro, toma uno y léelo por 10 minutos, día tras día, ¿quién sabe si después de unos días te gusta leer? Si nunca has escrito, comienza a escribir cualquier cosa. Toma un lápiz, busca un cuaderno y empieza a escribir. Pero ¡ojo! Escribe en un cuaderno de notas para que así puedas plasmar ordenadamente tus ideas y siempre permanezcan en un lugar seguro. Si nunca has pintado, ¡hazlo!... lo mismo con la fotografía, con la danza, el teatro, etc. ¡Ah! Y si nunca has descansado, ¡descansa!

Todo comienza en la vida una y otra vez, y cuando crees que todo ha terminado, ¡sorpresa!: ¡Todo vuelve a comenzar! No puede haber un invierno tan largo, no puede llover por siempre, ni tampoco que perdure por siempre la sequía. Así como el camino al error comienza con pequeños pasos, el camino a la alegría y a un verdadero cambio comienza también con pequeñas decisiones, con un tibio sentir y con “insignificantes” actos.

Vamos es tiempo de moverse, es tiempo de ver el cielo, de escuchar, de reír, de llorar de alegría. Comencemos a vivir como si fuera el último de nuestros días. Respira como si fuera la última vez; sueña como nunca; grita; abraza; ríe, descansa; observa todo; fíjate en la ambulancia; pon tu mirada en cosas absurdas y ve lo bello de eso; siéntate en donde nadie lo hace; regálale algo a un desconocido; dile a tus papás cuanto los quieres. No se son tantas cosas que hay que agradecer, incluso a ustedes mis estimados lectores conocidos y unos cuantos mas lectores desconocidos. Gracias por leerme, gracias por sus comentarios, por sus visitas silenciosas, por sus múltiples puntos de vista.

Recuerden tómense el día libre y comiencen a hacer algo que les dé vida, comiencen con poco pero háganlo día a día

martes, abril 08, 2008

"El Encuentro con Alejandra" (5)

"La parte final de la historia"
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Así continuaron el viaje. A medida que pasaban las horas y se osurecía los pequeños comenzaron a agotarse y lentamente se fueron acostando en la barca. Es por esto que comenzaron a mirar el cielo. Y de esta forma esperaron el atardecer en el bote, sintiendo el suave “clap” del choque con el agua, mirando como el cielo se tornaba más oscuro y como por arte de magia una que otra estrella aparecía. Al principio fue difícil encontrar con la mirada el primer astro que se asomaba para embellecer el panorama. Uno!, dos! Gritó la pequeña francisca… hay una tercera a la izquierda exclamó Miguel… cuatro! Cinco! Continuaron diciendo los niños al ver que aparecía luminosamente tan lejanas estrellas. De pronto dejaron de contar, uno que otro parpadeo acelerado se volvió a repetir hasta que conciliaron el sueño en el bote, mientras éste seguía avanzando al mando de su escudero abisay. Sin duda una grata sensación debe de ser la de dormir en un bote. Se asemeja un tanto a ser mecido en una cuna, ¿se lo imaginan?

Ya cuando comenzó a caer una espesa niebla, Abisay los abrigó con una manta que traía en su improvisado bolso. Abisay mientras tanto continuaba con la misma intensidad el viaje, remaba queriendo avanzar lo suficiente como para mañana a primera hora llegar a destino. El escudero para no distraerse por uno que otro ruido que había en los alrededores del lago, comenzó a cantar apasionadamente, no diremos que afinadamente pero lo necesariamente melodioso como para no despertar a los niños por un ruido molesto.

De tanto remar y cantar, nadie sabe como ni cuando comenzó a amanecer. Uno que otro tibio rayo de sol comenzó a aparecer y a abrigar las frías manos de Abisay. Después de unos cuantos bostezos de este último (que al parecer fueron mas sonoros que lo recomendado), la pequeña francisca comenzó a abrir sus ojos, como quien se arruga cuando hay mucha luz o como cuando se saborea algo demasiado ácido. Ya cuando los pudo abrir saludó alegremente al escudero con un: “Buenos días”, pegando un bostezo enseguida. Después de esto, movió un par de veces a miguel, hasta que por “arte de magia” éste se despertó. Después de esto ambos se estiraron nuevamente y pusieron su vista nuevamente en el cielo observando cada ave y cuanta nube que podían divisar. El “juego” se interrumpió cuando Abisay les dijo: “¡Sorpresa, hemos llegado!. Levantense y miren la casa que está al final del lago!. Ahí se encuentra la amada de vuestro Padre. La anhelada y querida Alejandra”. Los niños ante tal anuncio no lo podían creer, sonreían, se abrazaban, miraban atónitos y le agradecían a Abisay por haberlos conducidos hasta ese lugar.

Desembarcaron, corrieron en dirección a la casa, tocaron la puerta, sacaron los regalos y al abrirse la puerta abrazaron a Alejandra como si fuera el último abrazo que en la vida podían dar. Francisca le entregó el perfume y Miguel la carta (regalos que en el comienzo de la historia su Padre les había entregado). Alejandra amablemente los invitó a pasar. Francisca entró corriendo como si se encontrara en su casa; Miguel entró educadamente pidiendo permiso; y por último Abisay entró haciendo una reverencia y quedándose en la puerta como en señal de protección ante cualquier eventualidad. Alejandra los invitó a sentarse. Al cabo de unos minutos de conversación y de una que otra anécdota, Alejandra los invitó a pasar a la mesa y les dijo lo siguiente: “Saben mis pequeños, desde hace mucho tiempo yo esperaba este momento. Día y noche anhelé que estos lugares volvieran a ser verdes. Anhelé con todo mi corazón poder sentir nuevamente el aroma de una tierna flor; poder escuchar las aves cantar, verlas volar con total naturalidad. Sin duda ustedes ni se imaginan como era la vida en un lugar tan despoblado como éste, sin vida, sin flora ni fauna, sola rodeada de tierra y de calor. Sin embargo yo sabía que este día llegaría, de una u otra forma vuestro Padre se las arreglaba para enviarme recados y cuando supe que ustedes venían en camino estallé de felicidad. Una señal que aun recuerdo fue sentir después de cien años las primeras gotas que inundaron nuevamente esta tierra y que permitieron la formación del lago que ustedes acaban de atravesar.

Y así prosiguió hablando Alejandra, emocionada, conmovida y por sobre todo amada. Todo era calma hasta que en un instante comenzó un fuerte ruido en las afueras de la casa. Abisay extrañamente ni se inmutó por tal acontecimiento y abandonó la posición de la puerta para colocarse en un costado de la casa al lado del sillón. Su rostro era de calma y tranquilidad, lo cual no atemorizó ni a los pequeños ni a la amada Alejandra. Después de aquel ruido hubo un silencio casi ensordecedor hasta que de pronto la puerta se abrió y se escuchó una tierna voz que dijo: ¡Los amó! Era ni mas ni menos que el Padre, el mismo que encomendó a los niños la misión, el mismo que estaba ansioso de estar con la amada Alejandra, el mismo que quería que el bosque volviera a reverdecer. Los niños corrieron la amada los siguió y se unieron en un gran abrazo. Y al tenerlos tan cerca nuevamente les suzurró las siguientes palabras a sus oídos: “Mi pequeña y tierna Francisca; mi valiente y fuerte Miguel (tocándole el hombro como quien felicita a otro); mi amada y hermosa Alejandra.

(5) Esta es la Quinta y última parte de la historia.
Espero que les haya gustado.
Nos vemos la próxima semana.

crédito de la fotografía: http://www.flickr.com/photos/pipe_x/2237569863/

sábado, marzo 29, 2008

“Lago Esperanza” (4)

"El segundo mágico encuentro de los pequeños con Abisay, su escudero"
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Y antes de tomar la ruta por donde se fueron estos seres indeseados, Abisay, su escudero le señaló a los pequeños lo siguiente: “Sigan corriendo, yo los perseguiré y los cansaré hasta derrotarlos”. Y acto seguido les lanzó un añoso papel que recogió Miguel…

Y así Abisay comenzó la persecución de estos desagradables habitantes. Cuando éste ya estaba lejos y los niños ya lo perdían de vista, Miguel se acordó del papel lanzado por su escudero y lo desenvolvió. Al mirarlo se encontraron con la sorpresa de que era un mapa. Quizás a ustedes estimados lectores les parezca un tanto normal tener ante su vista un mapa pero lo que significaba para estos pequeños era algo increíble. Después de caminar solos un tiempo por el desierto y ahora por un próspero bosque, el hecho de que un guerrero les haya salvado la vida y que además les dé la guía necesaria y perfecta para seguir, era para quedarse sin palabras. El mapa además contenía la siguiente reseña en el comienzo: “Este camino los conducirá por la ruta exacta por la cual tienen que transitar para estar a un paso de llegar a su destino final…”.

De este modo continuaron confiados la travesía. Y se juramentaron que la mejor paga para Abisay era avanzar lo más rápido para llegar al final. Es por esto que las paradas y los momentos de relajo fueron acordados por ambos y cada uno ayudaba en la búsqueda de comida y en leña para una que otra fogata. Y así pasaron toda la noche caminando por el oscuro pero frondoso bosque a la luz de luna llena. Caminaron como unos pequeños confiados, con el alma de soñadores y con el corazón puesto en la alegría de llegar a encontrarse con la amada de su Padre. (Cabe destacar que los regalos estaban en perfectas condiciones. El perfume y la carta de amor).

Todo iba de maravillas al comenzar la mañana. En el cielo cada vez se agigantaba un esplendoroso sol; las nubes poco a poco se disipaban; y el canto de las aves aparecía al paso de estos aventureros como un incentivo y una alegría. El júbilo se acrecentaba cuando al pasar el último pino se encontraron con un lago que gozaba de una generosa vida. Uno que otro pato dio un singular canto de bienvenida pero algo no calzaba en toda esta historia. No sabría decirles si fue temor o la sabiduría de cerciorarse de todos los detalles de la vida. Quizás pensándolo bien fue esto último porque al ver a un tipo de mediana estatura pescar en medio de la inmensidad del lago se animaron a preguntarle lo siguiente:
- ¿Abisay eres tú? – Preguntó Miguel con voz segura – si eres nuestro escudero dinos la frase que nos dijiste anoche en el bosque.
- “Sigan corriendo… - contestó con un tono de alegría - ¿debo de continuar? Espérenme en la orilla que les tengo varias sorpresas.

Al estar próximo a la orilla, Abisay saltó del bote no importándole que pudiera mojarse, corrió al encuentro con los niños y les dio un abrazo que difícilmente podrían olvidan. Les señaló que el estaba a sus órdenes y que era momento de descansar. Es por esto que les preparó lo obtenido de la pesca y les improvisó dos camas en su también improvisada carpa.

Después de terminada la siesta, Abisay se adelantó y espero a los niños en el bote para continuar ahora por agua la penúltima parte de esta alucinante travesía. Al estar reunidos los tres en el bote les explicó en que consistía esta parte de la aventura y les terminó diciendo lo siguiente: “Piensen mientras viajamos en todas las cosas que le hacen falta a este lugar. Si le hace falta vida, verdes hojas, pájaros, gente amable, frutos que alimenten a la ciudad, etc. Eso si les pediré dos cosas. La primera que lo digan en voz alta. La segunda que lo pidan como si su Padre los estuviera escuchando. Y por último les pediré que se mantengan todo el viaje despiertos, con los ojos bien atentos para así ver con claridad lo que es conveniente para este lugar”. Y viajando por el lago continuaron toda la tarde y la noche de ese día…

Continuará…
(4) Es la cuarta parte de la historia
La próxima semana la quinta parte y final.

sábado, marzo 22, 2008

¿Amigos?

"Antes de proseguir con las historias de semanas anteriores me permitiré hacer una pausa en esta semana. Los dejó con el escrito ¿Amigos?"
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Un amigo. ¿Cuántos significados hay en esta pequeña palabra? ¿Cuántas vivencias, anécdotas, risas? Y así podríamos pasar horas escribiendo significados tanto explícitos como implícitos. Cuando el conocimiento es tal entre los amigos, no hay necesidad de palabras, un solo gesto, una sola mirada basta para sentenciar con el silencio de los ojos lo que se pretende comunicar.
Pero no creo que un día al caminar por la calle, saludes a alguien de la nada y mas aun lo abraces y le digas te quiero. Algunos de nosotros quizás ha hecho lo primero pero ¿lo segundo? No lo creo, es poco probable. Entonces está más que claro que una relación de amistad no es unir a dos personas para que compartan juntos sus vidas. Si uno de ellos no quiere conversar, por más que la otra persona quiera entablar alguna conversación, todo esfuerzo sin duda será en vano. A mi me ha sucedido eso y quizás a cuantos millones más les ha pasado lo mismo que les intento relatar.
Siempre tuve a un perfecto desconocido que intentaba conversar conmigo, es más quería ser mi amigo. En realidad no recuerdo muy bien como comenzó todo esto, pero creo que echando a volar mi imaginación todas estas cosas sucedían en el diario vivir. Al solo verme me hacía señas, me sonreía, quizás cuántos chistes me contó y ni siquiera uno solo de ellos le atendí. Quizás cuantos abrazos desperdicié o cuantas horas de conversación perdidas no las aproveche. Ahora que me imagino todo esto suena como a una gran pérdida. Sin embargo solo te das cuenta de esto cuando lo conoces, porque si no lo quieres conocer nunca sabrás donde podrás llegar con Él, nunca podrás experimentar esa grata compañía de estar a su lado sin necesidad de hablar, tan sólo escuchando el nítido sonido del silencio, del viento, del mar y quizás de cuanta ave loca volando al pasar. Mi amigo me ha enseñado a pensar, a observar la ciudad, a ver con otros ojos a las personas que no conozco, incluso a ustedes mis anónimos lectores que no se sabe cómo ni cuando llegarán a leer estas palabras o la de los escritos anteriores. ¡Vivir con este amigo es vida! ¿No me lo creen? Traigan a su memoria a su mejor amigo/a, no es divertido compartir, sin duda es necesario reir, llorar, contar tus penas y alegrías, tus mas grandes victorias y por qué no también tus miedos. Un amigo sin duda es una invitación a volar, a llegar más lejos, a trascender en esta vida, un aliado de batallas. Hay muchos epítetos más que podría agregar pero que ahora no me vienen a la mente, quizás tu me ayudes a contarlos si te animas.
Para ti y para mí este amigo puede tener demasiados adjetivos y puede tener diferentes significados porque cada uno de nosotros fue creado diferente, con talentos, con caracteres incluso en algunos casos totalmente opuestos. Pero vamos concluyendo. Si alguien toca a tu puerta ahora, en este instante y dijera que quisiera ser tu amigo, de buenas a primeras ¿que le responderías? ¿Te animarías a decir: si? Si te digo que aquel personaje te quiere entregar todo su amor, cariño y perdón, ¿Lo pensarías? Quizás suene un tanto extravagante o medio irreal. Pero es cierto. Hay alguien que siempre ha anhelado buscarte, no por piedad, sino que por amor, no para juicio, sino que para perdón; no para aburrirte, sino que para pasar tardes, mañanas y noches entretenidas contigo; hay alguien que ronda y hace lo imposible para estar contigo. ¿Crees que no es posible? ¿Por qué no? ¿Suena a un cuento mágico? ¿Por qué todo lo mágico en esta vida no puede ser real? Al menos yo te aseguro que esto sin duda es real o sino no estaría escribiendo esto. Si te digo que ese amigo incansable murió en una cruz, ¿lo creerías? ¿Qué murió por tus pecados? Bueno también puedes decir que murió por tus errores. Quizás suene muy loco, pero es real. Puedes darte un respiro, puedes pensar, puedes mirar a todos los lados. No pienses que después de todo esto aparecerá el conductor de televisión que te dirá que esto es una cámara indiscreta. Más bien, siempre hay alguien que te dice que esto no es real, que esto es una gran mentira y que mejor que sigas tal cual como estás. Pero vamos, animate a abrazar a este amigo, a este genio llamado Jesús, al ser más creativo de la historia, al más humilde, al incansable restaurador de corazones, al más chistoso de todos, al que da los abrazos mas tiernos que pueden existir, etc.
Te invito a abrazarlo, a aceptarlo, a pasar una eternidad con este Amigo, a compartir todo lo que te resta de vida.

créditos:
fotografía: http://www.flickr.com/photos/joyrex/1374573642/
arreglo de la fotografía: cata lara


miércoles, marzo 12, 2008

"En Medio de la Travesía" (3)

"Sigan corriendo, yo los perseguiré y los cansaré hasta derrotarlos"
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Despertar sin duda es un regalo del cielo. Pero para estos pequeños era más que esto. Abrir los ojos, ver el sol radiante de la mañana y que la brisa refrescara sus cuerpos era algo impagable. Se levantaron como quien ha tenido una noche placentera. Se miraron y cada uno ayudó a desarmar la improvisada habitación. Al terminar comieron una que otra fruta, un pan que aun conservaba su frescura y un jugo de manzana que les había preparado su Padre. Un rato de juego, unos minutos de risas, ambos se miraron y señalaron a la vez que ya era necesario partir. Ordenaron su equipaje pero éste ya nos les cabía en sus mochilas. Intentaron una y otra vez pero ningún intento dio resultado. Hasta que Francisca señaló:
- Miguel – señalo la pequeña – no puedo con mi mochila…
- Yo tampoco – interrumpió Miguel – he intentado varias veces ordenar nuevamente nuestro equipaje, pero ninguna forma me ha dado resultado.
- Creo que debemos de dejar algunas cosas de lado – dijo una pensativa Francisca – Lo importante de todo esto, es continuar… lo importante es cruzar lo más rápido este lugar, porque el calor me está agotando.
- Dices bien Francisca – señaló Miguel – cómo no haberlo pensado antes. Sin duda tendremos que despojarnos de las cosas que si bien nos han servido para llegar hasta aquí, quizás ya no las utilizaremos más. ¡Que gran idea!... con un menor peso en nuestras mochilas podremos caminar más… podremos llegar más lejos… ¡quizás hasta podremos correr!

Los pequeños se animaron a colocar lo más importante en sus mochilas, dejando lo justo y necesario para el viaje. Ni más ni menos, esa era la consigna. Teniendo lo necesario para avanzar y poniendo la mirada en que la vida les ayudará a continuar. Ordenar el equipaje les llevó un par de horas. Ya era mediodía y solo había una misión: avanzar. Llegaron a un acuerdo que se turnarían cada diez minutos quien avanzaba en primer lugar, para así no cansarse y poder discernir bien los lugares que atravesar. El suelo seguía un tanto arenoso, el viento cada vez más cálido por el paso de las horas. A veces era necesario parar, tomar un poco de agua y continuar. Los rostros comenzaban nuevamente a desanimarse, ya sea por la incesante o por el agobiante calor que reinaba. Pero mientras más cansados estaban, más pensaban en la meta, se recordaban del oasis que los sorprendió ayer a media tarde y sonreían de sólo pensar que después de unas horas más algo nuevo los volviera a “despertar”. Dieron las tres de la tarde y al no encontrar un lugar para cobijarse, siguieron caminando y así pasaron un par de horas avanzando sin parar.
En el comienzo del viaje los pequeños habían hecho una promesa de nunca mirar hacia atrás, ni siquiera en juego, pero quien sabe si hubiese animado a Miguel y Francisca en esta oportunidad voltear la mirada para observar todo lo recorrido.

Ya eran las cinco de la tarde y Miguel que iba unos pasos delante de Francisca notó que el suelo poco a poco comenzaba a tomar un color verde. En medio de la arena, había una que otra huella de pasto. Esperó a que su hermana lo alcanzara y le señaló la buena nueva. Se sacaron los zapatos y comenzaron a correr, de un momento a otro olvidaron su cansancio. El paisaje de nuevo los había reanimado, ayer con el oasis, más hoy con un verde paraje que comenzaba lentamente a aparecer. Comenzaron a correr, a sentir de nuevo la brisa que había en el bosque, a sentir ese aroma…

De pronto de la nada apareció el temible viejo creador de tantos engaños y mentiras que reinaba en la soledad del bosque. Los niños de solo verlo se inmovilizaron, bajaron la mirada, cerraron los ojos al ver que el viejo se les acercaba. Pensaban entre sí que de alguna forma iban a salir de este problema, pero al ver que el viejo y sus mascotas se acercaban rápidamente hacia ellos temieron lo peor. Se aferraron a sus mochilas, resguardando con su vida el preciado equipaje. Ojos cerrados sentían los acelerados pasos del viejo y de sus mascotas, ojos cerrados que pensaban en qué hacer, oídos que de pronto escucharon un sonido en las copas de los árboles. Algo imposible porque el verde paraje recién había comenzado a aparecer delante de sus pasos. Abrieron los ojos, voltearon la mirada hacia atrás y observaron que sus pisadas habían dejado una verde huella en la arena. Sus pasos en la arena se habían convertido en fresco pasto, en tierna y frondosa vegetación, en altos y variados árboles. Se pusieron en pie nuevamente, escuchando claramente el sonido que provenía desde las copas de los árboles.
Miraron fijamente a sus adversarios, desafiándolos a pelear. Sin embargo de pronto aparece un personaje que se pone delante de ellos y hace huir a estos malignos habitantes. Éste al mirarlos les señala lo siguiente:
- Mi Nombre es Abisay – les señaló con voz potente y amigable - ¡Soy su escudero, vine en ayuda de ustedes, vine a pelear junto con ustedes. Seremos compañeros de viaje, hasta completar el trayecto!

Y antes de tomar la ruta por donde se fueron estos seres indeseados les señaló a los pequeños lo siguiente: “Sigan corriendo, yo los perseguiré y los cansaré hasta derrotarlos”. Y acto seguido les lanzó un añoso papel que recogió Miguel…

Continuará...

(3) Es la tercera parte de la historia

créditos:
Arreglo de la Fotografía: Catalina Lara

domingo, marzo 02, 2008

“En Marcha” (2)

"El paisaje cambia si avanzamos"
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El comienzo siempre es difícil, más en este caso en que los aventureros no sobrepasan la adolescencia. Hay numerosos miedos a vencer, dar el primer paso es complicado y no tentarse con mirar atrás y devolverse a la estabilidad del Padre es una empresa casi utópica. Por esta razón los niños juramentaron que terminarían el viaje. Se propusieron al menos avanzar un par de kilómetros diariamente, aun cuando no tuvieran ni las fuerzas ni las ganar de continuar. Ambos se encargarían de animarse mutuamente, de protegerse como si se tratara de sus propias vidas y de quererse como si el día de mañana ya no se pudieran ver. Pero ante todo, no dejarían de ser niños, caminarían siempre por el bosque imaginándose cuentos, creando personajes y lanzando una que otra piedra al pasar. Acordaron que el mejor se ganaría la manzana más verde y jugosa que el “aprendiz” (por no decir perdedor) pudiera encontrar.
Los pequeños mientras conversaban no alcanzaron a percatar que ya habían recorrido un largo trecho. El diálogo había sido tan mágico que habían olvidado el peso de sus mochilas y los calurosos rayos de sol que asediaban a través de las ramas de los frondosos árboles. Y así continuaron la tarde entre risas, travesuras y una que otra aventura. De pronto comenzaron a notar que el frondoso bosque ya no era tal. Cada vez el verde se mezclaba más con la tierra, y después ésta cada vez más con arena. El verde, las flores ya habían pasado al olvido. De un momento a otro el sol volvió a cansarlos y después de unos diez minutos de caminata el panorama era árido y el cansancio los llevó a tal extremo que se sentaron en medio del desierto reinante. Sol agobiante, viento tibio que no alcanzaba a refrescar sus caras y que además traía consigo arena que se colaba por toda su vestimenta. Desconcertados, desanimados, esa era la apariencia de sus caras. Un sin fin de preguntas merodeaban por la mente de Miguel, un sinnúmero de emociones sentía la pequeña Francisca. A pesar de todo esto conservaban intacto el “equipaje”. El perfume y la flor estaban en perfectas condiciones.
Después de tener una pequeña conversación con su hermana, Miguel se levanta y da la orden de continuar. Al levantarse se cae una hoja de la mochila, el cual la pequeña se percata y se lo entrega. Miguel asombrado señala que al parecer detrás de esa colina los espera algo especial, algo que en tan añoso papel no se logra distinguir. Al retomar la caminata lucían rostros esperanzados, la pequeña sin duda apuraba el paso para descubrir luego dicho lugar. Miguel la seguía un paso más atrás para asi conservar fuerzas y de paso la cautela ya que si al llegar a la colina no veían nada, tener la respuesta adecuada para tal situación. A medida que se acercaban a la cima del monte, aumentaba la incertidumbre. Era como si fueran a perder algo. Si lograban ver lo que en el mapa aparecía, los inundaría una alegría, pero si no hallaban nada, sin lugar a dudas nunca se sabría.
Francisca llegó primero, se detuvo, miro para todo lugar, levanto la mirada al cielo, dejó su mochila a un lado, dio un paso para descender y después de esto se escucho un grito que Miguel no pudo distinguir si era porque estaba en problemas o era de felicidad. Al no ver a su hermana, corrió hasta alcanzar la cima dejando la mochila a un lado y desde ahí realizó un gran salto que solo se detuvo al alcanzar el fondo del oasis.
Solo felicidad al salir del agua, no sin antes haberse lanzado agua entre ambos. Fueron en busca de sus mochilas no sin antes pasar por el puente que estaba sobre el oasis. Ya con caras y ánimo renovado, observaron nuevamente el mapa y pusieron en el lugar que no se distinguía: “oasis”. Dieron vuelta la hoja y encontraron que aparecía el siguiente escrito: “Este es el puente “La Paloma” en cuyos costados existen variadas flores que son producto de la magia del rocío de la mañana. Al estar en ese lugar podrán observar una pequeña muestra de todo lo mágico que puede ser la tierra si se comportan con valentía y logran llegar a visitar y dejar esos regalos a mi amada”.
Ante una arenga tal los niños conversaron largo tiempo, armaron su guarida a un costado del puente, observaron las estrellas, la luna y se quedaron un largo rato en silencio escuchando el viento hasta que conciliaron el sueño.

Continuará...
(2) Es la segunda parte de la historia

martes, febrero 12, 2008

"Una Nueva Misión" (1)

"No pierdan nada de lo que les he dado, sino que consérvenlos hasta el final"
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Mitad del verano, en medio de este bosque del sur del mundo. Sol, verdes hojas, flores y alegría rodean a la pequeña francisca (ya de 11 años) y a Miguel su hermano mayor (ya de 14 años). Como de costumbre se despiertan temprano en la mañana para así aprovechar mejor el día, sentir el sonido de los pájaros que merodean alegremente los alrededores de la casa, respirar la brisa fresca que viene de la montaña, entre otras tantas cosas como jugar a orillas del río...

Todo esto transcurre día a día con las pequeñas tareas que el padre les da a realizar, todas son acorde a su edad, pero últimamente les ha dado quehaceres que los han sorprendido pero de paso han conocido el limite de sus fuerzas, inteligencia y sabiduría. Sin embargo hoy los pequeños notaron algo diferente en el actuar de su Padre, esa sensación grata de que algo bueno sucederá. Por lo visto no se equivocaron ya que el padre les dejó una nota en la mesa. El papel era antiguo, parecido a un papiro y estaba amarrado con una fina cinta color oro el cual decía: “Así mismo como les entregué una espada y una flor cuando pequeños (para una mayor comprensión leer texto “espada y flor”), hoy es día de una nueva misión, por esto diríjanse al frondoso árbol que está en las faldas de la colina”.

Los niños al leer este papel sonrieron y atinaron a salir de la casa lo más rápido que podían, no se fijaron ni en donde pisaban, sólo se preocuparon de levantar la mirada y llegar lo más pronto donde su padre. Después de unos cuantos segundos de alocada carrera, se encontraban frente a su padre, que les sonrío y se alegró de verlos con gran entusiasmo. Pasado unos segundos comenzó a explicarles con lujo de detalles la misión que se les encomendaba, de las partes que pasarían, los obstáculos que deberían sortear, etc. Ante esto los niños sonreían, se miraban con emoción, a veces un tanto preocupados, pero nunca dejando de lado la confianza en quien les encargaba la misión. Lo que les puedo contar acerca del diálogo de Miguel, Francisca y su Padre es el siguiente:

El padre les señaló que deberían de visitar a su amada y que para ello deberían de llevar dos presentes. Estos serían una carta de amor y un perfume. El primer regalo será llevado por Miguel porque debe de ser férreamente resguardado y el segundo lo llevará la pequeña porque sólo una mujer puede resguardar cálidamente tan frágil aroma. Y posteriormente les pasa un papel a cada uno con la misma indicación para ambos: "No pierdan nada de lo que les he dado, sino que consérvenlos hasta el final". Sin duda lo más emotivo antes de la despedida fueron las palabras del Padre a sus pequeños, sus últimas palabras comenzaron así: "Yo confío tanto en tí Miguel, como en ti mi pequeña Francisca, se que aun son jóvenes y llevar estos regalos a mi amada no es una cosa fácil. Pasar por el bosque y arriesgar sus vidas es algo osado, pero yo no les daría una misión que ustedes no pudieran cumplir. La gente dice que este bosque es impenetrable y que hasta el más viejo habitante de esta ciudad más de alguna vez se ha perdido. Sin embargo la historia no cuenta con que yo soy su Padre y que el bosque lo conozco antes de que éste fuese creado. Así que vayan tranquilos, pero con los ojos despiertos para ver diariamente las alegrías que la vida les depara y la sabiduría para alejarse de los peligros. Ante cualquier dificultad recuerden alzar su mirada al cielo y verán que de pronto les vendrá ayuda. Por el camino ustedes no irán solos, cuando necesiten compañía el viejo José estará a su lado. ¡Buen viaje mis pequeños! ¡Vengan y abrácenme que los extrañare!

Continuará...
(1) Es la primera parte de la historia

domingo, diciembre 23, 2007

“Como un Niño en Navidad”

“La inocencia de un niño, todo lo cree, todo lo espera”
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Vientos cálidos viajan por este alejado rincón de América del sur acompañado de calurosos días y de un azulado cielo. En los países del norte comienza un frío invierno en donde se puede ver incluso caer nieve. En cualquier lugar donde nos encontremos estaremos rodeados de luces de vistosos colores, de árboles navideños y de un cuanto viejo pascuero caminando por la calle. Todo se llena de magia, el viejo pascuero encanta a los niños con sus historias, una que otra relación quebrada en este tiempo se soluciona y entre otras tantas cosas más.
¿Qué pediría un niño en esta navidad? ¿Regalos? Lo más probable que sí, pero aparte de eso mucho amor, un abrazo de sus padres, un gesto de alegría simbolizado en un obsequio. ¿Se han dado cuenta que los niños creen a ciegas en la magia del viejito pascuero? Sumerjámonos por un momento en su forma de pensar. Cuando niños quién no soñaba con ver al viejito pascuero bajando por la chimenea, entrando por la ventana o justo cuando el depositaba nuestro regalo en el árbol de navidad. Podemos además recordar que nos esmerábamos en escribir una linda carta para así encomendar nuestro regalo, pedíamos tan solo lo que a nosotros nos gustaba y no nos importaba mucho si era inalcanzable conseguir aquel obsequio. La inocencia de un niño, todo lo cree, todo lo espera.

No hay nada mas sincero que un verdadero regalo, que un gran gesto de amor y eso un niño lo comprende. ¿Quién a veces no se sorprende que cuando le da un dulce a un niño, éste se alegra tanto como si tuviera el juguete de moda? ¿Qué niño no se acurruca entre unos brazos que lo quieren amar? Sin duda esta navidad es más que regalos, sin duda la clave es entregar amor, incluso a quien no conoces, a quien quizás solamente lo verás una vez en la vida y nada más. Eso es la navidad entregar sin esperar recibir nada a cambio, dar tiempo de tu día, unos minutos de tu vida a alguien para decirle simplemente feliz navidad, feliz nacimiento porque es eso lo que significa esta palabra. Si nos adentramos en la historia se celebra la venida de Jesús. Alguien amado por muchos pero a la vez criticado por unos cuantos más. ¿Es tan mágica la historia de su nacimiento? ¿Tan increíble la razón de su nacer? ¿Por qué muchos lo olvidan? Quizás es demasiado fantástica la historia para parecer verdad… todo lo perfecto la mayoría de las veces creemos que es mentira. ¿Cuántas veces vemos imágenes tan bonitas que al verlas creemos que han sido trucadas? Un niño en cambio cree que la imagen es verídica, porque en el no hay cabida para engaños, para mentiras. ¿Cómo explicar que hay que creer como niño? ¿Qué pierdo con confiar? ¿Qué sucedería si esta navidad decido aceptar el regalo más espectacular que Jesús me puede entregar? El regalo mas esperado por todos es ser amado verdaderamente, ser acogido, ser aceptado tal cual, sin reproches sin caretas ni mentiras. Si ese es tu mayor deseo ¿Por qué no confiar en Jesús? Olvídate de tus paradigmas y quizás de cuantas costumbres veas en la forma de llegar a Jesús. En primer lugar Él no quiere sacrificios sino que sinceridad. No es esclavitud sino que amistad. No es lejanía es intimidad. Es amor sincero, Él no espera nada a cambio, tú lo puedes ignorar por el resto de tu vida o puedes amarlo por el resto de la eternidad, pero nada cambiará su esencia su verdadera identidad, el te ama no importando que tu lo desprecies, Él espera tiernamente por tu corazón, por establecer contigo cual entrañable relación. Esta es sin duda la “magia” de la navidad, es descubrir el amor real, el cual solo Jesús te puede entregar. Todo lo demás son simbolismos que adornan esta época pero que muchas veces nos desvía del sentido que este nacimiento nos convoca. ¿Y tú que dirás? ¿Y tú que harás? Que tengas una ¡FELIZ NAVIDAD!

jueves, noviembre 08, 2007

“¿Arriesgando la Vida?”

“Una hormiga sigue trabajando aun cuando un gigante pase a su lado”

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No sé por qué llegué acá. Estaba asombrado por lo sucedido pero nunca pensé que me iba a embargar el temor tanto así para estar hoy escondido en este lugar. Desde aquí no siento frío ni calor, las noches no son tan gélidas y los días no me abruman con su calor. Y así desperté hoy día en esta alejada cueva. De pronto me levanté y apoyé con fuerza mi mano derecha en la pared, tanto así que se desprendió un trozo de tierra y de un momento a otro, una considerable cantidad de diminutos seres caminaban rápidamente con sus “mochilas” a cuestas para ir en busca de un nuevo hogar.
Es así como vi que todo el hormiguero se vaciaba y en un par de minutos casi todo era soledad, pero me llamó la atención que una hormiga se quedó un tiempo más aprovisionando una gran cantidad de aquellas “mochilas” en su diminuta espalda y se mantuvo así hasta esperar el momento exacto para caminar, casi como esperando mágicamente de un momento a otro una señal.

De pronto la cueva se oscureció. Alguien de humana estatura hizo ingreso por la entrada de la cueva. Su rostro reflejaba miedo, quizás cansancio de tanto huir y un dejo de desesperación al caminar. Se sentó en la entrada apoyándose en un costado de la cueva, de paso bajó la mirada como buscando alguna explicación, mientras su mano izquierda vanamente se entretenía lanzando pequeñas piedras. En el intertanto la hormiga se levantó y se dirigió con rumbo veloz a la salida, tanto así que llamó la atención del Elías Fugitivo, quien miró preguntándole a viva voz a la hormiga:
- ¿Dónde crees que vas? – Preguntó Elías - ¿No ves que hay gigantes afuera y puedes morir de una pisada?
- ¿Qué acaso no vez la pesada carga que llevo? – Respondió la hormiga - ¿No sabes lo que eso significa? Tengo que cruzar ese campo a como dé lugar, pues debo ir a mi morada para alimentar a mi familia
- Pero… ¿No temes morir? – Preguntó un desconcertado Elías.
- Yo a lo único que le temo es a no vivir dignamente y a no cumplir la misión que se me encargó en esta franja de tierra – Contestó una inspirada hormiga – Además, si muero, al menos mi familia sabrá que lo di todo por ellos. Si viviera pensando en que alguna vez terminará esta incesante lucha de gigantes y que sólo así podré cruzar libremente por esta tierra sin peligro de morir… amigo, sin duda puede ser demasiado tarde…
- Tienes razón – Interrumpió Elías – sin embargo esperemos un poco…
- Bueno pero tampoco será demasiado – Replicó la hormiga – porque no hay tiempo que perder.

Después de unos instantes de silencio donde la hormiga revisaba las amarras de su mochila, ésta alzó la voz y le preguntó sabiamente a Elías:
- ¿Qué haces? - Preguntó
- Miro la batalla y lo grande que son los gigantes negros – respondió un cansado Elías.
- No pierdas el tiempo – dijo una relajada hormiga – mira el cielo y lo inconmensurable que éste es. ¿Hay algo más alto que el cielo? De seguro que el líder de los gigantes blancos que vemos pelear con tanto poder y autoridad estará de nuestro lado… o sino ¿Cómo te explicas que yo esté con vida hasta hoy? ¿Cómo te explicas tú que después de haber obtenido una gran victoria, hayas huido hasta acá por miedo a morir y aun te encuentres con vida? ¡Vamos! No hay tiempo que perder, hay que cruzar este campo, a como de lugar, a riesgo de perder la vida.

Ante tal argumento, Elías se levantó, alzó su mirada, miró sonriendo a la hormiga y ambos comenzaron a cruzar valientemente por aquel campo, en medio de la lucha de gigantes blancos y negros.


visiten el siguiente sitio: http://www.virb.com/paulinarojaseventos

jueves, octubre 25, 2007

“Creo que perderé…”

“La vida se basa en intentar y en aprender siempre algo de ellos, no en cuantas veces fracasaste”
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Estafado. Así me sentí después de jugar con la máquina “saca peluches”. Bueno la idea de jugar a esto surgió hace unas semanas atrás en donde por esas cosas de la vida me dije: “tienes que intentar ganar un peluche”. Yo nunca había jugado a esto, pero cientos de veces había visto estas máquinas y un par de veces a personas ganarse un peluche. Yo no jugaba a esto porque sabía que nunca ganaría y que perdería el par de monedas que vale jugar a esto.

El martes recién pasado fue el gran día. Después de clases me acordé de que quería jugar y después de unos minutos de viaje y de caminar estaba frente a mí la “máquina saca peluches”. Vi los peluches que habían en su interior, observé mas o menos el mecanismo y como pude inserte las dos monedas y de un momento a otro un relojito comenzó a andar a contrarreloj y atiné a pescar una palanca que había a mi lado derecho, moví la palanca hacia la izquierda, después al centro y como quedaba poco tiempo apreté el botón que lanza las tenazas para ver si agarraba un peluche y veo que sube sin nada. El juego había terminado. Intenté vanamente si podía jugar otra vez pero no sucedió nada. Nunca me percaté que este juego era con tiempo, nunca me supe que al insertar las monedas el juego comenzaría automáticamente, sin duda el juego me agarró por sorpresa y para más remate llegué a la misma conclusión que siempre había tenido con esta “maquinita saca peluches”: “si juego no creo que gane”. Ese era el motivo del por qué no jugaba y al intentarlo mi hipótesis se cumplió a la perfección, se volvió casi irrefutable mi teoría.

Y así la vida se nos pasa con prejuicios y profecías auto cumplidas. Sin duda que jugar a sacar peluches es una actividad anexa en nuestra vida. Si juego o no, si gano o no, es casi irrelevante para nuestra existencia, no voy a ser mejor por ganarme un peluche ni tampoco seré peor si no lo obtengo. En conclusión puedo obviar jugar a esto o no, sin duda no me es imprescindible para vivir. Sin embargo hay cosas, situaciones, miedos o que se yo, que en nuestra vida las obviamos, las olvidamos y vivimos como si no existieran. Muchas cosas en mi vida o en tu vida se asemejan a jugar o no a la máquina “saca peluches”. No intentamos enfrentar la situación porque sabemos el resultado que obtendremos si lo hacemos o no. Es muy desagradable ver con nuestros propios ojos que todas nuestras profecías se cumplen de un rato a otro. Lo peor de la vida es perder, pero no hay nada peor que no intentar vencer aquello que parece imposible. Quizás hay temas en nuestras vidas que los tenemos guardados en el baúl de los recuerdos que ni siquiera son temas a tratas sino más bien que día a día nos encargamos de borrarlos y ni siquiera intentar enfrentarlos. ¿Por qué no jugar a la “maquina saca peluches”? ¿Por qué no confrontar temas ya olvidados? ¿Por qué no hacer frente a tus mejores “profecías auto cumplidas? Quizás en un comienzo lo intentes y dará el resultado que más temiste durantes tus años de vida, quizás la primera vez al intentarlo sufras una derrota, ¿Pero siempre será así? En una de esas si lo intentas 100 veces la vez 101 será la ocasión en que puedas tener una alegría, un triunfo, verás un nuevo horizontes y podrás ver de otra forma tu vida. La clave es ser porfiado, al menos en este tema, intentarlo una y otra vez y ver que se aprende de la vida.

sábado, septiembre 29, 2007

“El Gran Día”

“Antes de llegar al Gran Día tuvieron que vendarse los ojos y caminar confiados, porque solo de esta forma podrían observar por siempre aquella nueva realidad”
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Ya el extravío de los regalos había quedado en el olvido y se embarcaron en un viaje jamás experimentado, que nadie ha visto y que ningún paso ha oído alguna vez en la tierra. Para terminar la historia que comenzó a ser relatada en “Espada y Flor” (escrita el 26 de Junio) debo de señalar que estos dos pequeños ya tienen 3 años más que aquel entonces, Miguel tiene 14 años y la aún pequeña Francisca tiene 11. Cuántas anécdotas y vivencias marcaron este período en donde estuvieron día a día persiguiendo su mayor anhelo, cada hora que pasaba se recordaban que su Padre prometió que volvería. Así se durmieron temprano un día martes que recibía la primavera, el viejo José mantenía encendida la chimenea del living porque se quedaría escribiendo toda la noche ya que el aseguraba que algo grande pronto sucedería. Sin embargo a eso de las 5 de la mañana José no pudo más y durmió por un par de horas hasta que un tibio rayo de Sol iluminó su rostro y no tuvo más remedio que despertarse. Se levantó convencido de que aquel día se rompería la rutina y que cambiaría por siempre el rumbo de sus vidas. Llamó a Miguel y a Francisca al comedor y les dijo lo siguiente:
- Pequeños… bueno no tan pequeños – Dijo soltando una carcajada – tomen su desayuno, no tan rápido pero lo suficientemente a prisa para así aprovechar este día. Después de terminado el desayuno diríjanse donde mismo su Padre les dejó aquel tesoro que ustedes tanto apreciaban hace un tiempo atrás.

Después de haber dicho esto, el viejo José salió de la casa y se dirigió a ese frondoso árbol, se sentó y suspiró, fijo su vista en el cielo, miro la tierra y el pasto que había alrededor y se sorprendió que de un momento a otro los dos pequeños estaban a solo pasos de distancia de llegar a su lado. Ustedes deben de haberse sentido impresionados y buscando una explicación alguna vez así que no les será tan difícil imaginarse los rostros de esta pareja de hermanos. Al llegar los niños se quedaron en silencio y oyeron lo que les dijo el Viejo José:
- Pequeños… bueno no tan pequeños – Dijo el Viejo José mirando con cara de haber dicho un chiste fome – les tengo dos nuevos regalos, quizás no sean tan bellos y nobles como el anterior pero sin duda si lo reciben y siguen las indicaciones los llevará a un lugar que nadie ha visto ni respirado. Tengo dos vendas blancas que debo de ponérselas en sus ojos...
- ¿Pero dónde iremos? – Preguntó un apurado Miguel.
- ¿Eso tiene importancia Miguel? – Replicó Francisca – yo creo que es un paso de confianza que hay que dar, yo creo que el Viejo José se trae algo entre manos, por alguna razón se quedó despierto toda la madrugada… por mi parte… ¡acepto!
- Tienes razón hermana – Contestó Miguel mirando con alegría al Viejo – ¡acepto!

No se imaginan cuántas risas, cosquillas y chistes se produjeron cuando el Viejo les colocó la venda y dieron sus primeros pasos por aquel bosque de infancia que ahora les era desconocido, pero confiable porque era este compañero de mil batallas que los acompañaba a su lado. El viejo José les relataba cada paso describiendo cada flor que se asomaba, cada ave que pasaba por el lado ellos y les contaba lo verde que había amanecido el bosque ese día. Sorprendido también les contó que las nubes iban en la misma dirección que ellos y así fue todo el camino, los niños confiando en sus instrucciones y a medida que aumentaban los pasos caminaban más alegres y confiados. En un momento el Viejo José los hizo detener porque ya no podía mas con el asombroso espectáculo que miraba. Se llevo la mano a la boca como alguien lo hace cuando está asombrado, sus ojos resplandecían y brillaban casi como conteniendo las lágrimas, sin duda suspiró como nunca antes lo había hecho y dijo lo siguiente:
- “Pequeños, Grandes gigantes – comenzó el Viejo José – sin duda fue un honor traerlos hasta acá y que confiaran en mi. Si ustedes creen que ya habían comenzado a vivir, les digo que esto no es nada con lo que les espera la vida... Pueden sacarse sus vendas y mirar al frente”

Los pequeños no lo podían creer, al frente de ellos estaba su mismísimo Padre, el mismo que dijo que una vez volvería estaba a 10 pasos de distancia. Los niños corrieron a abrazarlos, el como buen Padre salió al encuentro de ellos y corrió para así no esperar más tiempo y volver a estrechar de nuevo sus vidas. Hablaron por largo rato en compañía del Viejo José, se rieron pero en un instante su Padre los dejó solos con el Viejo y camino lo necesario para volverlos a mirar y decirles a viva voz que los acompañaran. Los dirigió a un monte, un gran monte, lo necesario como para mirar hacia abajo y observar toda la panorámica del lugar. Nuevamente el Padre se adelantó unos pasos y les dijo la siguiente frase: “Bienvenidos a su nueva Vida”. Los hermanos corrieron y se encontraron con un valle esplendoroso, que había flores de un lado, mucho verde y aves en el cielo. “Esto no es nada” dijo el Padre interrumpiendo así sus atónitas miradas. Llevo sus dos manos hacia su espalda, sonrió y les mostró que sus regalos de infancia habían regresado. En la mano derecha estaba la espada de Miguel y en la izquierda estaba la flor de Francisca. Los niños lloraban de alegría como más de alguno de ustedes lo ha hecho. Los niños no podían creer tanto asombro y de paso tanta verdad, todas las historias contadas y vividas en su vida, en un día se volvían una magnífica y eterna realidad. Al entregarles nuevamente sus regalos le dice a cada uno lo siguiente:
- Estimada y amorosa Francisca – Dijo con un tono dulce el Padre - ¿Ves este campo? Tendrás que ir por cada rincón recuperando la fragancia original que tiene cada flor, esta es la misión que encomiendo para tu vida. Se que nadie más que tu en toda la tierra puede desempeñar mejor esta labor. “Tendrás que llenar de la fragancia original a cada flor que encuentres a tu paso”.
- Estimado y valiente Miguel – Dijo con voz potente el Padre – levanta tu mirada, ese caballo café que viene hacia nosotros será tu segundo elemento de batalla. Tu tendrás que ir por los campos rescatando las vidas que un ladrón se ha encargado de robar durante todo este tiempo. “Tendrás que comportarte con valentía no confiando en lo que tienes en tu mano sino en lo que yo te pueda enseñar”.
- Grandes creaciones – Dijo el Padre como cuando alguien termina un discurso – esa es la misión que tienen hasta el fin de sus días aquí en la tierra, yo puedo acompañarlos perfectamente a los dos, pero para no confundir tanto a los incrédulos, yo acompañaré a Miguel y a ti Francisca te acompañará el Viejo José. ¡Vamos! ¡No hay tiempo que perder!

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Agradecimientos
foto: Felipe Reyes A. http://www.flickr.com/photos/pipenfarina/1435378033

sábado, septiembre 15, 2007

¿Sin tu mejor arma?

Imagínate que en tus manos tienes el “arma” para lograr tus mayores anhelos y sueños en esta vida, ¿Qué pasaría si perdieras aquella “arma”? ¿Continuarías?.
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La pequeña Francisca y Miguel después de saludar al Viejo José se acordaron del extraño sueño que tuvieron en la madrugada (relatado en “Sueños que nos dirigen más allá”, escrito anterior) y se dirigieron rápidamente al comedor para buscar la flor y la espada respectivamente. Buscaron en todos los lados posibles, en la cocina, en el comedor, en la puerta que dirige hacia el patio, incluso abrieron la ventana y Miguel como era más alto asomó su cabeza para vislumbrar si sus regalos estaban en el pasto, pero nada. Los dos hermanos se miraron y un tanto desalentados fueron al comedor, se sentaron y se tomaron la leche que el Viejo José les había preparado. Cada uno entre sí se preguntaba cuál era el motivo de que su padre les haya dejado un regalo que al poco tiempo después se les iba a perder. Cada gesto que hacían los niños denotaba no comprender la situación, miraban al viejo como buscando una explicación, más éste estaba en silencio como esperando el momento preciso para hablar.

Las tostadas, la leche y la mantequilla se acababan en la mesa, más en la mente de los niños cada minuto que pasaba se alimentaban de más y más preguntas del por qué del extravío de su flor y espada. Silente en la cabecera el Viejo José observaba los rostros de los pequeños, inmutable para romper justo en el silencio exacto en donde los niños estuvieran prestos para escuchar sus palabras. Ya el desayuno terminaba y el viejo les preguntó a los pequeños:
- ¿Cómo están mis pequeños? – preguntó tiernamente José.
- Se me extravío la flor y a Miguel su espada – contestó una acongojada Francisca – buscamos por todos lados y no encontramos nada, se nos perdieron…
- Yo… no se… - contestó Miguel – al perder los regalos que nuestro Padre nos dio se nos fueron con ellos nuestros sueños, y nuestras mejores armas para lograr lo que queríamos en nuestras vidas. Era todo tan perfecto, aquellos regalos eran todo para nosotros, eran parte de nuestro Padre…

La conversación giró en torno a las respuestas de los pequeños y la silenciosa mirada del viejo José que escuchaba atentamente cada una de las palabras, cada lágrima que éstos derramaban y pasaba por alto los enojos comprensibles de estos dos niños. Después de mucho escuchar, tosió, se acomodó en la silla y el viejo José irrumpió con esta frase:
- ¡Bienvenidos a la vida estimados! – Dijo tiernamente a los pequeños – Es verdad todo lo que dicen y comprendo cada uno de sus enojos. La pérdida de sus regalos fue como perder parte de sus vidas, de sus sueños, anhelos, etc. Pero así es la vida, sin su mejor arma, tendrán que viajar en sus días aquí en la tierra para así descubrir cosas nuevas y no depender de solamente un objeto, sueño o deseo. ¡La vida es más que eso!, la vida te enseña que se necesitan soñadores y eso ustedes ya lo habían comenzado a hacer. Ahora en cambio la vida les ofrece ser “hacedores”, comenzar a concretar sus sueños, trabajar silenciosamente en ellos para alguna vez, estrechar la mano de su padre y viajar por la eternidad llenos de alegría. ¡Escuchen pequeños gigantes!, les invito a seguir con sus sueños pero ahora trabajando para conseguirlos, ser hacedores, ser trabajadores, estar atentos en el día a día para así despertar alguna vez y ver una nueva realidad. ¿Qué me dicen? ¿Llorarán por lo que tuvieron en el ayer? O ¿Reirán de alegría por lo que algún día podrán obtener?
- ¿Ser hacedores? – Preguntó Miguel – somos muy pequeños para serlos, quizás moriremos en el intento, no se si quiero correr ese riesgo…
- ¿Estas muy joven para ser un “hacedor”? – Dijo desafiante el viejo – o ¿estas muy viejo como para no intentarlo? ¿Te quedarás lamentando por siempre lo que pudiste hacer con tu espada?, ¿contarás a tus hijos que alguna vez pudiste ser un gran hombre? Deja de confiar en lo que tienes, fija la mirada en que tu Padre dijo que volvería alguna vez y prometió que así sería (esto fue relatado en “Espada y Flor”). ¡Vamos chicos!, ¡Vuestro Padre me envío a mí para ayudarlos!, ¡Soy su mejor amigo y quiero ser el mejor amigo de ustedes!. Vamos miguel estrecha mi mano y embarquémonos en un viaje que nadie mas ha realizado, vamos francisca tu también estrecha mi mano.

Después de unos segundos de silencio, Francisca y Miguel se miraron, suspiraron (como olvidando la espada y flor), miraron al viejo José, estrecharon su mano y lo abrazaron y dijeron al mismo tiempo ¡Vamos!

sábado, septiembre 01, 2007

“Sueños que nos dirigen más allá”

“Un día experimentamos un gran sueño, pero éste para conseguirlo nos quita nuestra “arma” preferida, ¿la consigna nuestra será seguir?"
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“Mañana cuando despierten, te lo prome…” esta última respuesta del viejo hizo eco durante la primera parte del más asombroso sueño que Francisca haya tenido en su vida. Un sueño mágico como aquellos que se muestran en las películas, acompañado de la más sublime composición clásica que pueda haber existido jamás, esa que recuerda lo perfecto y admirable de la creación. Así poco a poco la pequeña Francisca comenzó a seguir las huellas que su Padre había dejado en el camino. En el sueño la pequeña llevaba consigo su más preciado regalo, la flor que su Padre con tanta dedicación había apartado, dotándola de un suave aroma que era la esencia de su incomparable delicadeza. Al caminar por el sendero del bosque se daba cuenta de que los pájaros volaban en su misma dirección, algunos más rápidos, otros en cambio más bulliciosos como el carpintero. Estaba tan asombrada de lo que veía que cada paso se tornaba más alucinante y emocionante a sus sentidos, transformaba su corazón y le daba sentido a su vida. Sin embargo a medio camino la pequeña no se percató que había extraviado su más querido tesoro entre medio de un frondoso pasto. Y así continuó el viaje, bajo un sol radiante que era el centro de un día nítidamente despejado que era refrescado por una suave brisa que hacía más agradable la caminata. La pequeña iba apurando el paso en el último tramo para así apreciar la vista que había desde aquel monte, sin embargo se detuvo y se percató de la pérdida de la flor, no corrió desenfrenadamente a buscar su preciado regalo ni tampoco prosiguió con su marcha para llegar a aquel monte, se quedó pensando en el por qué todo se debía de complicar así, en el mejor momento de su vida…

No solamente Francisca tuvo un magnífico sueño esa noche, sino que el cansado Miguel también tuvo un alucinante sueño inspirado en la última frase que el viejo José le había dicho a su hermana. Como eran buenos hermanos quizás esta unión los llevó a soñar algo parecido. Miguel transitó por el mismo camino que su hermana, éste en cambio llevaba orgulloso la majestuosa espada que su Padre le había dejado y se fijaba en las grandes montañas que acordonaban aquel bosque, algunas cubiertas de nieve, otras diferentes en tamaño y forma, etc. Y así de paso se impresionaba de los árboles, no tanto de sus colores sino que le llamaban la atención la altura y la firmeza de éstos. Paso a paso se imaginaba que alguna vez sería el jefe de algún destacamento, que recibiría fidedignas instrucciones de su Padre en donde el le señalaba que tenía que ser lo suficientemente valiente para ejecutarlas y transmitirlas a los demás. Cada paso era un sueño y cada vez creía que el único medio para cumplir aquellos anhelos era con su regalo más preciado, aquella majestuosa espada. Miguel al levantar su mirada, después de observar un hormiguero, pensó que al llegar a la cima de ese monte, tendría que ejecutar la primera arenga a su destacamento, por esto comenzó a caminar emocionadamente, articulando en el intertanto las primeras frases de su discurso. Sin embargo a medio camino se percató de que no llevaba consigo su preciada espada, lo cual derrumbó sus sueños y se quedó ahí en medio de aquel magnífico día pensando del por qué esto le tenía que suceder a él…

Los dos niños despertaron casi al mismo tiempo y ambos se sorprendieron que el viejo José estuviera ahí en su pieza, como cuidando de sus vidas y de sus sueños. Ambos dijeron un bostezado buenos días y de paso fueron hacia el y lo abrazaron. Así terminó un nuevo dormir de estos soñadores niños, así comenzó un nuevo día bajo las instrucciones del Viejo José, pero eso es parte de otro “regalo” de la vida, que se relatará en otra ocasión.

foto: http://www.azeta.com.ar/iconopatagonia/galeria/arrayanes/sendero-quetrihue2.JPG

jueves, agosto 23, 2007

"Más que el regalo"

"¿Qué es más importante? ¿El Regalo o la persona que te dio aquel obsequio?"
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Aquella noche Miguel y la pequeña Francisca durmieron tan plácidamente como si estuvieran en compañía de su Padre. Antes de dormir jugaron un buen rato con el Viejo José el cual les contó historias sobre su Padre, sobre su vida y sobre su misión en esta tierra como forastero. Durmieron como si la vida fuera un sueño, como si esta vida tan solo es un paso para otra mejor. Sin embargo como toda noche llega a su fin y aquellas alegres criaturas despertaron con un ánimo muy diferente al del día anterior.

El viejo José los oyó levantarse ya que hicieron más ruido de lo esperado, pantuflas y pijamas de dormir rápidamente se asomaron por el comedor, ante lo cual el viejo José tuvo que abandonar el confortable sillón para prepararles tostadas, huevo y leche para el desayuno. Cuando hubo acabado su labor en la cocina se dirigió al comedor, sin embargo los niños no estaban ahí, habían salido al patio en compañía de los regalos que su padre les había dejado y que habían descubierto el día anterior (“Espada y Flor” estos obsequios se comprenden leyendo el escrito anterior). El viejo José los llamó para tomar desayuno a lo cual los niños no aceptaron de muy buena gana sobretodo Miguel que se demoró un poco más como queriendo desafiar la autoridad del viejo. Los niños comieron como siempre, pero no quitaron la mirada de sus regalos como lo hace cualquier niño después de abrir regalos el día de navidad. Y así pasaron el resto del día, ya era media tarde y el viejo José los volvió a llamar, esta vez para decirles que se cambiaran la ropa. Ante esto Miguel contestó:

- Estimado Viejo José – con un tono relativamente desafiante – se que tu te preocupas de nosotros, pero por hoy nos podrías dejar tranquilo, yo y mi hermana estamos entretenidos contemplando y jugando con los obsequios que nos dejó nuestro padre. Estos regalos son lo único que tenemos de él, esto fue lo que el nos dejo antes de su partida.
- Entiendo Miguel – respondió como lo hace alguien que habla con autoridad pero sin necesariamente recurrir al enojo – se que esos obsequios los dejó tu Padre y en eso no hay nada que discutir. Lo discutible en este caso es que ustedes se acuerdan más de los regalos de su Padre que de el. Yo se muy bien que mi entrañable amigo está en una singular batalla en estos momentos y que sin mayores contratiempos saldrá victorioso. Sin embargo ustedes no se preocupan de Él, se que ustedes son pequeños aún, pero lo suficientemente grandes para comenzar a aprender las cosas valiosas de la vida. ¿Qué es más importante? ¿El Regalo o la persona que te dio aquel obsequio?. Yo pienso que hacen bien en preocuparse de los regalos que su Padre les dejó pero lo harían mucho mejor si primero se acordarán de su Él y de cómo utilizar esos regalos para perpetuar su nombre en esta tierra.
- Es cierto lo que dice el viejo José – dijo Francisca con una dulce voz – hemos hecho mal en solo contentarnos con estos regalos, nuestro Padre es mas que esto…
- Perdón estimado José – interrumpió Miguel con un tono de voz resignado – es verdad lo que dices y no estuvo bien lo despreocupados que estuvimos de nuestro padre.
- No dramaticemos tanto – dijo el viejo José con una sonrisa entre labios – queda mucho de vida y no nos enredaremos en estas peleas cotidianas. Vamos acérquense y abrácenme como lo harían si su padre estuviera con ustedes.

Abrazados al Viejo José, éste les comenzó a relatar sobre como los veía su Padre y cuando les comenzaba a contar sobre los sueños para sus vidas, el cansancio invadió a los pequeños, tanto así que tuvo que llevar a miguel y a francisca a sus camas. Al colocar a la pequeña en su cama, esta abrió los ojos y le preguntó al Viejo José:
- Podrías relatarme cuales son los sueños que nuestro Padre tiene para nosotros – con voz cansada y entrecortada dijo Francisca– dinos, no seas malo.
- Mañana cuando despierten – contestó dulcemente el Viejo José – te lo prome…

No alcanzó a terminar la frase el viejo José, cuando escuchó los primeros suspiros de los pequeños. Suspiros de soñadores, durmieron como niños alimentados de un verdadero sueño, tanto así que el Viejo José ese día no durmió y se quedo contemplando sus vidas al son del tic-tac del reloj.

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sábado, julio 07, 2007

AVISO!!

Hola a todos!... A mediados de agosto habrá un nuevo regalo en mi blog. Me encuentro en temporada de ultimas pruebas y examenes y por eso no he podido actualizar el blog, asi que cuando salga de vacaciones lo primero que haré será actualizarlo.

nos vemoooos
y gracias por los comentarios que han dejado en este espacio!!

chauuuu

Andrés




miércoles, junio 27, 2007

"Espada y Flor"

"Dos niños se quedan solos tras la partida de su padre al campo de batalla. Éste antes de partir les deja un tesoro que los niños descubren al día siguiente. Una Espada para su hijo Miguel y una Flor para su pequeña Francisca"

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Día con cielo cubierto y un frío que inunda hasta los huesos. Se oyen las voces de dos hermanos. La tierna voz de la pequeña Francisca que dice un tímido “papi” y la voz de miguel que dice “no está”. Ante esta respuesta la pequeña rompe en llanto y Miguel corre para abrazarla, intentando en vano consolarla, mas Francisca está desconsolada ante la partida de su amado padre. Solo frío, tristeza y soledad inundan la mañana. Pequeños diálogos de hermanos buscan interrumpir aquel silencio que se hacía eterno. De un momento a otro la pequeña se pone en pié y llama aceleradamente a Miguel pidiéndole que lleve una pala y que la acompañe hasta ese gran árbol que hay atrás de la casa apegado a la montaña. Después de correr por unos minutos Francisca se sienta en el verde pasto e intenta comunicarle lo siguiente a Miguel:
- Hermanito – le dice Francisca con evidentes muestras de cansancio – nuestro padre me confesó que pronto le tocaría partir nuevamente a la guerra y en ese caso nos dejaría dos obsequios, justo en ese pedazo de tierra que no está cubierto por pasto.
- Te refieres a ese lugar – le contestó Miguel apuntándole con el dedo - … ahora entiendo por qué me hiciste traer la pala.
Aun cuando Miguel era mayor que su hermana, no tenía la suficiente fuerza para cavar solo, así que tuvo varios descansos antes de encontrar lo que se hallaba cubierto por tanta tierra.
- ¡OH es un tesoro! – Exclamó saltando la pequeña – ¡mi padre nos dejó un tesoro!
- ¡OH deberas es un tesoro! – Dijo un tanto cansado el muchacho de 11 años – ayúdame a subirlo que estoy muy cansado.

Después de varios intentos el baúl estaba sobre tierra nuevamente. Ambos abrieron al mismo tiempo el baúl y asombrados vieron que su padre les había dejado un regalo a cada uno y aparte dos notas. Francisca y Miguel tomaron lo que había en el baúl y se sentaron justo debajo del frondoso árbol. Miguel abrió la primera carta y la leyó en voz alta:
“Pequeños, no saben cuanto los quiero, no saben cuan feliz me hace verlos cada día crecer. Me emocioné al ver sus primeros pasos en esta tierra, sus alegrías y su tierno descanso. Ahora cada minuto que pasa veo que están inundándose de sabiduría. Como pueden observar no estoy en casa y no volveré hasta nuevo aviso, pero les prometo que volveré. Les dejé unos regalitos que están envueltos en sábanas de seda”. Su padre que los quiere mucho. “General del Ejército Verdadero”.
Al leer la carta los niños sonrieron y en sus miradas comunicaban que comprendían que todas las historias contadas por su Padre no eran fruto de su inconmensurable imaginación, sino que aquellas historias eran verdaderas y que el principal protagonista era su amado Padre.
Después de esto Miguel desenfundó su regalo y observó con total plenitud que era una espada igual de grande como la de un experimentado soldado la cual tenía una nota que decía: “Marichiweu (Diez veces venceremos)” y al reverso salía lo siguiente: “Quizás tengas tu primera batalla mañana o quizás en 10 años más, sin embargo lo que tienes que tener claro es que desde ahora te tienes que preparar”. Aun asombrado y casi llorando de emoción fue interrumpido por su hermana que contemplaba tiernamente su bella flor.
- Hermanito – dijo la pequeña – ¿puedes leer lo que dice esta tarjeta?
A medida que se acercaba, Miguel iba pensando en como cambiar el tono de voz para que se pareciera a la de su padre y así fuera más fidedigna la lectura.
- Dice así – comenzó miguel – “kochü domo” (Dulce mujer) y en el reverso dice lo siguiente: “Este es el aroma verdadero de tu vida, cada vez que tengas dudas de quien eres, acércate a esta flor y sabrás cuan fragante e incomparable eres sobre toda la faz de la tierra”.
Al oír esto su hermana suspiró y acercó la flor para sentirla nuevamente y recordar por siempre su verdadera identidad.

Cuando se dirigían nuevamente camino a casa divisaron a lo lejos a un hombre de rápido caminar que se acercaba. Se quedan parados para así apreciarlo mejor y cuando ya estaban próximo a el se enteraron de que era el viejo José. Aquel entrañable amigo de su padre, el cual se acercó y abrazó a los dos pequeños y les dijo lo siguiente:
- No se preocupen ya estoy aquí – les dijo – su padre les dejó una carta en donde les informaba de mi llegada y me repitió hasta el cansancio que les dijera que “pronto volverá”. Pero hasta que llegue ese tiempo yo cuidaré de ustedes.

viernes, junio 22, 2007

"A Pasos De Un Nuevo Mundo III"

"A partir de ahora me esforzaré en hacer cosas que dejen huella por la eternidad"
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Por despertarse un tanto atrasado Francisco Villalobos tuvo que dar las respectivas explicaciones de llegar unos minutos mas tarde al lugar acordado.
- Disculpe por el retraso Don Olmedo – le dijo – me desperté un poco más tarde que de lo acostumbrado y al parecer la falta de ejercicio me perjudicó el subir rápidamente a este lugar.
- No importa – le contestó – lo importante es que ya estás aquí.
Con la mirada lo invitó a sentarse y le señaló lo hermoso que se veía en este día nublado los rayos de sol que tibiamente aparecían. Después de contemplar juntos este paisaje le preguntó ¿Habías estado antes en este lugar?
- Sí, varias veces, es mi lugar preferido – le contestó Francisco – me gusta como… a todo esto ¿Cómo supo usted que este era mi lugar preferido? (con un tono de voz de asombro mezclado con un tono de encontrar alguna explicación).
- ¿Habrá que decirlo? – Dijo don Olmedo – sonrió y se llevo su mano a la mejilla como hace uno cuando siente que fue descubierto. Supuse que te gusta observar las cosas desde otra perspectiva, que quizás te vendría bien romper algunos paradigmas tanto tuyos como de la sociedad y también creo que… caf! Caf! Ah! Otra vez esta extraña tos.
- Espero que no se resfríe – dijo con tono preocupado Francisco – es por esto que le sugiero que vayamos a algún lugar cerrado en donde podamos tranquilamente conversar.
- No, no te preocupes – respondió Don Olmedo – este lugar es perfecto para darse cuenta de muchas cosas. Mira desde aquí puedes observar lo que Colón descubrió es cierto, la tierra es redonda y no plana como se creía en su época. Te das cuenta que Colón cambio la forma de ver el mundo y en aquellos tiempos fue tildado de loco por no pensar como lo hacía el resto, sin embargo el correr de los años reafirmó lo que señalo insistentemente. Desde aquí puedes ver la majestuosidad del mar y asombrarte de lo pequeñas que se ven las olas. Y así podría seguir diciéndote todo lo que siento y lo que veo pero esta conversación no tendría sentido si no colocó atención a tus palabras por eso me gustaría saber qué es lo que haces cuando vienes hasta acá.
- Bueno aparte de mirar el mar – le contestó rápidamente - el cielo y todo lo demás, siempre traigo conmigo un cuaderno para anotar lo que pienso, además de escuchar buena música evidentemente. Acá no hay ruidos y uno puede escaparse del incesante ruido de la ciudad.
- Francisco – le preguntó amistosamente Don Olmedo – ¿las cosas que has pensado en este lugar se han llevado a la realidad? ¿Has intentado aparte de soñar, despertar y ponerte a trabajar?
- La verdad no creo que sea el más indicado para decir si he trabajado lo suficiente – contestó Francisco – creo que los demás tendrían que decir si lo he hecho bien o no… pero sabe siempre me veo enfrascado en cosas pasajeras, a veces me doy cuenta que hay horas de mi día que no los aprovecho como debería.
- yo creo que a mucha gente le sucede lo mismo – dijo Don Olmedo asintiendo con su cabeza – así que es por eso que te invito a que tus decisiones esten siempre enfocadas bajo esta pregunta: ¿Lo que quiero hacer, generará alguna vez una huella por la eternidad? Me explico, quizás lo que tengas que hacer mas rato después de que haya terminado nuestra conversación es ir y decirle a tu madre que la quieres, quizás es juntarte con uno de aquellos amigos que hace tiempo no visitas, puede que hoy sea la instancia para perdonar, quizás escribir, pensar o simplemente descansar. Pero siempre si quieres hacer cosas que realmente valgan la pena debes de preguntarte si esto tiene o no “eco en la eternidad”.
- vaya pregunta – contestó reflexivamente Francisco – sabe usted que esa pregunta recorre toda mi vida, me acuerdo de tantas cosas que hice sin sentido… y es un reto a partir desde ahora a hacer cosas que realmente valgan la pena… un difícil reto.
- asi como dices – dijo Don Olmedo- es un difícil reto pero para comenzar no tienes que recriminarte por las cosas que hiciste en el pasado, ahora debes de mirar tu presente para así tener un buen futuro, invierte tu tiempo, no lo malgastes…

Y después de estas palabras ambos como si fueran viejos amigos bajaron desde aquella “montaña” de arena conversando y riendose de las cosas de la vida. Después de unos minutos cada uno tomó dirección a su casa.

miércoles, junio 13, 2007

“Café Despertar”

“Temprano en la mañana me junté con Don Olmedo, el me señaló este horario porque así podíamos tener una conversación más provechosa y sin interrupciones”
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Si les contara del cómo conseguí una cita con “Don Olmedo” simplemente no me creerían, ¿Quién me creería que el curadito de la esquina había oído hablar de Él? Cuando le pregunté si lo conocía me dijo que solo de oídas lo había oído, sin embargo guardaba como un tesoro aquella dirección y número telefónico para encontrarlo. Al llamar a Don Olmedo éste me dio dos posibilidades para juntarme con él, me dijo que fuera temprano en la mañana o tarde casi en la madrugada. Yo un tanto extrañado le pregunté ¿Por qué? A lo cual me respondió que esas eran las formas en donde uno podía estar a solas y conversar sin ser interrumpido por nadie (otra forma que me dijo posteriormente era de encontrarnos en un lugar alejado). La cita quedó pactada para un frío miércoles con pronóstico de lluvia.

Llegué a las 9:00 AM (puntualmente) al café “Despertar” y me asombré al ver que “Don Olmedo” se encontraba ya presente e informándose del acontecer político y social del país. Me senté y la conversación fue la siguiente:
- Hola “Don Olmedo” – le dije – ¿como está? Hace un poco de frío.
- Muy bien gracias, es un honor para mí poder compartir contigo un momento de conversación… ¿es idea mía o te vi junto a tu madre en el tema “soñar nuevamente”?... a todo esto ¿como te llamas?
- Me llamo Francisco Villalobos y tiene razón, yo estaba ese día junto a mi madre y mi hermano, déjeme decir que me impresionó como usted hablaba y se dirigía…
- Muchas gracias – me dijo – pero no es necesario el halago, es solo mi trabajo y con gusto lo hago, lo que me importa realmente es ¿cómo estás tu? Eso es lo relevante para el día de hoy… quiero saber quién eres.
- Bueno tengo 16 años y vivo en Viña del Mar, estoy en la enseñanza media…en fin (terminé la frase como si hubiese hablado un largo rato), después de un silencio le pregunté ¿Sabe a veces no entiendo del por qué hay tanta gente que está disconforme consigo misma? (no se bien porque le tomé confianza y le comencé a preguntar cosas)
- A todos les sucede – me dijo – siempre veo a gente que tiene sus pensamientos centrados en su “paradigma” (al ver mi cara de incomprensión, prosiguió de la siguiente manera) haber me explico… todas las necesidades de las personas están centradas en su mundo, en su quehacer, en su afán. Rara vez las personas piensan en los demás, en los problemas de los otros, sino que todo lo centran en sus necesidades y en cómo satisfacerlas. Otro punto a considerar estimado Francisco es que la gente tiende a compararse inevitablemente con el otro y lo que tiene que tener en claro cada persona es que cada uno de nosotros es diferente, en su forma de ser, de hablar, de actuar y de pensar. Pero te has fijado en que la mayoría de la gente se compara con otro simplemente en cosas materiales?
- Si es verdad – le contesté - es raro nombrar a alguien por lo sabio que es, sino que se le nombra por lo exitoso que es.
- Lo que el mundo tiene que tener claro es que siempre van a haber personas mejores que uno y van a haber personas peores que uno, según nuestra forma de pensar… pero hay que pensar de otra forma, hay que ver las cosas desde arriba, como miradas desde el cielo, al verlas desde esa perspectiva todo nuestro mundo cambia, algo sucede que comenzamos a ver de forma diferente. ¿Has tenido alguna vez un problema y por esas cosas de la vida subes un cerro o estas en un elevado edificio? Si nunca lo has hecho te invito a hacerlo estimado Francisco, esos grandes edificios, esos grandes problemas se ven la nada misma comparado con la majestad de los cielos.
- En verdad… tiene razón… siempre vivo inmerso en mis problemas, en mis quehaceres en mis metas (no sé por qué rápidamente me sinceré) y todo cambia como bien dice usted al ver los problemas “desde la perspectiva del cielo”… (por un momento me quedé mirando la tasa de café y mi cabeza y mis manos adoptaron la típica posición de estar pensando o reflexionando… de pronto miré la muralla y vi el reloj que indicaba las 10:00 hrs. y apurado le dije a “Don Olmedo”)… sabe me tengo que ir, a las 10:15 tengo que llegar al colegio…
- Entonces nos estamos viendo – me dijo - cuando tu quieras juntarte conmigo aquí yo estaré disponible, para lo que sea. (Me miró con cara sonriente y tenía un tono de voz cariñoso, como si me conociera por mucho tiempo).

Y después de esto me abrazó y me entregó un papel que guardé en el bolsillo de mi pantalón. Me despedí rápidamente, tan rápido que ni siquiera cancelé mi café, espero que Don Olmedo lo haya hecho por mí. Al sentarme en la micro que me llevaría al colegio, saqué el papel que me había dado y éste decía: "El crecimiento nunca es el producto del esfuerzo, sino de la vida" Augusto Strong, Lo que me tuvo pensando gran parte del día, hasta ahora que me voy a dormir.